Oliver Twist
Oliver Twist Ejecutó Noé Claypole, o Mauricio Bolter, como el lector prefiera llamarle, las instrucciones que de Bates recibiera, instrucciones tan precisas y detalladas —hay que tener presente que Carlos Bates conocÃa perfectamente aquellos lugares—, que le permitieron llegar hasta la sala del tribunal sin necesidad de hacer ninguna pregunta ni tropezar en su camino con el obstáculo más insignificante. Encontróse entre un público numeroso de curiosos, mujeres en su mayorÃa, en un salón sucio y repugnante, en cuyo testero se elevaba una plataforma separada convenientemente por medio de una barandilla. En la plataforma, pegado a la pared de la izquierda, estaba el banquillo donde se sentaban los acusados, en el centro la tribuna para los testigos, y a la derecha la mesa del tribunal. Delante de ésta se alzaba un biombo que tenÃa por objeto resguardar a los representantes de la Ley contra las miradas del público, al cual, si no podÃa ver, érale concedido, al menos, imaginarse la majestad grandiosa de la justicia.
Ocupaban en aquel momento el banquillo de los acusados dos mujeres, que saludaban con movimientos de cabeza a sus admiradores mientras el escribano daba lectura a las declaraciones a una pareja de guardias de seguridad y a un hombre vestido de paisano que tenÃan apoyados los codos sobre la mesa.