Oliver Twist
Oliver Twist —Dejémoslo por ahora —replicó FajÃn—. Otro dÃa hablaremos de ello. Ya sabes que en mà tienes un amigo, Anita… un amigo de verdad. Dispongo de medios tan secretos como eficaces. Si quieres vengarte de los que te tratan como a un perro… ¿Como a un perro digo? ¡Peor mil veces que a un perro, pues a éste algunas veces lo acaricia! Si quieres vengarte, acude a mÃ. Ese animal es para ti un amigo de ayer, al paso que a mà me conoces de antiguo.
—De antiguo y a fondo —contestó la muchacha sin manifestar la menor emoción—. Buenas noches.
Retrocedió cuando FajÃn le alargó la mano; pero repitió con voz entera las buenas noches y, contestando la mirada que le dirigió el judÃo con un gesto de conformidad, cerró la puerta de la casa.
FajÃn tomó el camino de la suya, absorto en profundas reflexiones.
HabÃa sospechado, no como consecuencia de la escena que acababa de presenciar, sino poco a poco y por grados, que Anita, cansada de sufrir el trato brutal del bandido, se habrÃa encaprichado por algún otro.