Oliver Twist
Oliver Twist —En estas condiciones —monologaba FajÃn—, a poco que se la excite ¿no conseguiremos que se preste envenenar a Sikes? No serÃa la primera mujer que hace eso, y cosas mil veces peores, cuando de asegurar al objeto de su cariño se ha tratado. Asà acabarÃa yo con ese bandido peligroso, a quien detesto con toda mi alma. Otro ocuparÃa su puesto, y mi influencia sobre la muchacha, descansando sobre un apoyo tan firme como mi conocimiento de la fechorÃa por ella cometida, serÃa decisiva, ilimitada.
Estas reflexiones surgieron ya en la mente del judÃo mientras permaneció en la habitación del bandido, presenciando la pendencia entre éste y su amante, y como eran los pensamientos que le dominaban, quiso aprovechar la primera oportunidad que se le ofreció para sondear a la muchacha con insinuaciones no determinadas, pero suficientemente transparentes, y lo hizo al despedirse. Anita no reveló sorpresa, debió comprender la significación de aquéllas… las comprendió. La mirada que le dirigió en el momento de despedirse lo pregonaba por modo evidente.
Pero… ¿temblarÃa ante la idea de matar a Sikes? ¡Y, sin embargo, era ese precisamente el objetivo principal que habÃa de alcanzar!
—¿Cómo podrÃa yo acrecentar la influencia que sobre ella tengo? —se preguntaba FajÃn—. ¿Cómo adquirir más imperio sobre esa mujer?