Oliver Twist
Oliver Twist No habÃa, en efecto, peligro de que la conferencia restase alientos a quien se habÃa sentado a la mesa con la firme resolución de trabajar con ardor.
—Ayer hizo usted una buena campaña, amigo mÃo —comenzó diciendo FajÃn—. Seis chelines y nueve peniques y medio en el primer dÃa suponen un resultado soberbio. Auguro que la zancadilla del cachorro será para usted la base de su fortuna.
—No olvide usted poner en cuenta los tres botes de estaño y la jarra de leche —observó Bolter.
—Nada olvido, querido. Los tres botes de estaño suponen en usted gran dosis de genio, pero fue golpe magistral escamotear la jarra de leche.
—Para ser principiante, creo que no lo hice del todo mal —dijo Bolter con satisfacción—. Botes y jarra estaban colgados al aire en la puerta de un figón, y yo creà que la lluvia enmohecerÃa a los primeros y aguarÃa la leche de la segunda, y por eso me los llevé. Además, unos y otra hubieran podido acatarrarse, lo que habrÃa sido una lástima. ¡Ja, ja, ja, ja!
El judÃo fingió reÃr también de todas veras mientras Bolter, poniendo brusco fin a sus carcajadas, embauló la primera rebanada de pan y se dispuso a hacer lo propio con la segunda.
—Necesito encargarle una misión, Bolter —dijo FajÃn, apoyando los codos sobre la mesa—, que exige mucho cuidado y no menos astucia.