Oliver Twist
Oliver Twist —He de decirle que no se le ocurra ponerme en peligro enviándome a los centros policiacos. No me convienen semejantes comisiones, ya lo sabe usted.
—La comisión que he de encargarle, no ofrece el menor peligro. Se trata de seguir los pasos a una mujer.
—¿Vieja?
—Joven.
—Esa comisión la desempeñaré a maravilla. Ya cuando iba a la escuela era un atisbador muy regular. ¿Y en qué ha de consistir el espionaje? Supongo que no tendré que…
—No tendrá usted que hacer nada —interrumpió el judÃo—. Nada más que decirme adónde va, a quién ve, y si es posible repetirme lo que aquélla hable. Acordarse de la calle, si en la calle se detiene, y de la casa, si en alguna casa entra: en una palabra, traerme cuantos datos pueda recoger.
—¿Y cuánto me valdrá el trabajo? —preguntó Noé, mirando con descaro a su maestro.
—Si cumple usted bien, le daré una libra esterlina, querido. ¡Una libra! —repitió FajÃn, deseando excitar el interés de su discÃpulo—. Crea usted que jamás pagué tan cara ninguna comisión, fuera de la clase que fuera.
—¿Quién es ella?
—Una de las nuestras.