Oliver Twist
Oliver Twist —¡Diablo! —exclamó Noé, rascándose la punta de la nariz—. DesconfÃa de ella, ¿eh?
—Parece que ha trabado relaciones nuevas fuera de casa, y necesito saber quiénes son sus nuevos amigos.
—Comprendo. Quiere usted tener el placer de conocerlos, para saber si son caballeros de respetabilidad, ¿no? ¡ja, ja, ja, ja! Cuente usted conmigo.
—Ya sabÃa que podÃa contar —respondió FajÃn, entusiasmado ante la buena acogida que su nuevo discÃpulo dispensaba a su proposición.
—¡Claro que sÃ! ¡Pues no faltaba más!.. ¿Y dónde está ella? ¿Dónde debo esperarla? ¿Cuándo he de comenzar el espionaje?
—Todos esos datos se los facilitaré cuando sea sazón oportuna, amigo mÃo. A su tiempo sabrá usted quien es la interesada. Esté dispuesto a ponerse en campaña, y déjeme a mà el resto.
Aquella noche, la siguiente y la tercera, el espÃa estuvo vestido de carretero, dispuesto a lanzarse a la calle a la primera indicación, del judÃo. Pasaron seis noches… seis eternidades para FajÃn, todas las cuales volvió éste a su casa con expresión de desencanto y diciendo que no habÃa llegado el momento de obrar. A la séptima, regresó más temprano con cara que reflejaba viva alegrÃa. Era domingo.