Oliver Twist
Oliver Twist —Es cierto, señor —contestó el huérfano, quien habÃa tenido buen cuidado de hacerse todo lo menos visible durante la conferencia, y que temblaba de miedo sólo con recordar la voz del bedel.
En realidad, pudo el muchacho dispensarse de la molestia de esquivar la presencia de Bumble, pues éste, en quien la predicción del caballero del chaleco blanco habÃa producido intensa impresión, pensó que, toda vez que el empresario de pompas fúnebres habÃa tomado a Oliver a prueba, lo mejor era no mencionar siquiera el asunto del muchacho hasta que éste quedase escriturado por tiempo de siete años, en cuyo caso desaparecÃa el peligro de que nunca más volviera a la parroquia, de cuya dependencia quedaba por siempre separado.
—¡Vaya! —exclamó el funerario tomando el sombrero—. Cuanto antes terminemos, mejor. Noé, cuida de la tienda; y tú, Oliver, ponte la gorra y sÃgueme.
El muchacho obedeció sin despegar los labios la orden de su amo.