Oliver Twist
Oliver Twist —Mas no por eso deja de ser mi sobrina —terció la señora Maylie, abriendo sus brazos a la niña, próxima a caer desmayada—; no por eso deja de ser mi hija querida. ¡Por todos los tesoros del mundo no renunciarÃa ahora a ella! ¡Mi dulce compañera… mi hija idolatrada!…
—¡La única persona que me ha querido!… —exclamó Rosa, abrazando a la dama—. ¡La que yo más quiero y reverencio en el mundo!… ¡Oh! ¡Mi corazón va a estallar!… ¡No puedo resistir tanta emoción!
—Y tú eres y has sido siempre para mà la mejor, la más dulce de las hijas, la que me has dado a probar las delicias de una felicidad que con ninguna otra de la tierra puede compararse —dijo la bondadosa dama, abrazándola una y otra vez—. Pero… ¡vaya, querida mÃa! ¡No olvides que hay quien espera anhelante tus brazos!.. ¡Pobrecillo!… ¡MÃrala… mÃrala… ahà tienes a tu tÃa!
—¡No! ¡Mi tÃa no! —gritó Oliver, echándole los brazos al cuello y besándola con transporte—. ¡Nunca la llamaré tÃa!… ¡La llamaré hermana, hermana cariñosa, hermana adorable, a quien mi corazón me enseñó a amar con ternura desde el momento que la vi! ¡Rosa… mi querida Rosa… cuanto te quiero… oh!