Oliver Twist
Oliver Twist Respetemos las lágrimas que rodearon por las mejillas de los dos huérfanos, y las palabras entrecortadas que se cruzaron durante el prolongado abrazo que siguió; son lágrimas y palabras sagradas. En un momento, y en el mismo instante, encontraban y perdÃan a un padre, una hermana y una madre. La misma copa les ofrecÃa dulces alegrÃas y tristezas amargas. No eran, empero, de pesadumbre sus lágrimas, pues la misma pena que anegaba sus almas aparecÃa tan dulcificada por recuerdos los más gratos y tiernos, que quedaba limpia de toda sensación dolorosa y convertida en dicha solemne.
Mucho tiempo permanecieron solos. Unos golpecitos dados a la puerta anunciaron que alguien esperaba fuera.
Abrióla Oliver, y se fue presuroso, cediendo el puesto a Enrique Maylie.
—Todo lo sé —comenzó diciendo éste, sentándose junto a la encantadora joven—. Mi querida Rosa… nada ignoro… No me trae aquà el azar —añadió, al cabo de una pausa prolongada—; ni ha sido tampoco hoy cuando me han revelado lo que pasa. Lo supe ayer… no antes. ¿No adivinas que vengo a recordarte una promesa?
—¡Alto! —exclamó Rosa—. ¿Dices que lo sabes todo?
—Absolutamente todo. Recuerda que me diste permiso para volver sobre el asunto que en nuestra última entrevista tratamos, siempre que lo hiciera dentro del plazo de un año.