Oliver Twist
Oliver Twist —¿Por qué, pues, han de imponértelo? —replicó Enrique tomándole una mano—. ¡No olvides, Rosa querida, no olvides lo que has oÃdo esta noche!
—¿Y qué es lo que he oÃdo? —exclamó Rosa—. ¿Qué es lo que he sabido? Que la deshonra, al envolver a mi familia, tan profundamente afectó a mi pobre padre, que le obligó a esconderse donde… ¡Oh! ¡No hablemos de ello Enrique, que harto se ha hablado ya!
—¡No, no! ¡Aún no! —gritó Enrique, deteniendo a la joven que se levantaba para marcharse—. Esperanzas, deseos, sueños, ilusiones, sentimientos, todo… todo, excepto el amor que te profeso, ha sufrido en mà un cambio radical. Hoy no te ofrezco ya un puesto elevado entre una sociedad consagrada a las agitaciones y grandezas del mundo, de ese mundo envidioso y miserable, donde hay que sonrojarse de todo menos de lo que realmente es vergonzoso y vil: te ofrezco nada más que una cosa… un corazón y un hogar… Rosa, querida, única cosa que te puedo ofrecer.
—¿Pero qué significan tus palabras? —preguntó la joven.