Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas —Pues te lo diré —contestó—: hay un fantasma que debe ser probado que es falso. ¡Bueno! No puedo decirte adónde se irÃa mi buen juicio si estuviera solo aquÃ, o qué jugarretas me harÃan mis propios sentidos si me tuvieran a su disposición. Pero en compañÃa de otro ser humano, y especialmente de ti, Dick, me atreverÃa a desmentir a todos los fantasmas que en el universo entero hayan sido.
—No tenÃa la más mÃnima idea de que mi presencia resultara de tanta relevancia hoy —dijo el otro.
—Pues asà es —continuó el lÃder, hablando con más seriedad de lo que lo habÃa hecho hasta entonces—. Es más, por las razones que acabo de darte, no habrÃa de ningún modo aceptado pasar la noche aquà solo.
Quedaban pocos minutos para que diera la una de la mañana. El joven habÃa comenzado a dar cabezadas mientras su amigo le confiaba este último comentario, y al término del mismo su cabeza se hundió incluso más en su pecho.
—¡Dick! ¡Mantente alerta! —dijo el lÃder divertido—. Las horas pequeñas son las más terribles de todas.
El joven lo intentó, pero su cabeza volvió a caer.
—¡Dick! —le urgió el lÃder—. ¡Mantente despierto!