Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas Conocà a un hombre —déjenme ver— hará como cuarenta años, que alquiló un viejo, húmedo y humilde conjunto de despachos, que llevaban cerrados y vacÃos muchÃsimos años, en uno de los edificios más antiguos de la ciudad. CorrÃan toda clase de historias sobre aquel lugar y, desde luego, ninguna de ellas era demasiado jovial. Sin embargo, aquel hombre era pobre y las habitaciones eran baratas, razón que a él le bastaba aunque hubiesen sido diez veces peores de lo que ya eran.
Ocurrió que este hombre se vio forzado a quedarse con algunos muebles desvencijados que habÃan quedado allà abandonados. Entre todos ellos, destacaba un enorme y pesado armario de vitrina como los que suelen utilizarse para archivar papeles. TenÃa unas grandes puertas acristaladas, cubiertas en el interior por cortinas verdes. Ciertamente, se trataba de un cachivache bastante inútil para su nuevo dueño, puesto que éste no tenÃa papeles que guardar; en cuanto a su ropa, no tenÃa más que lo puesto y tampoco tenÃa necesidad de procurarse un lugar dónde colocarla.