Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas Pues bien, ya habÃa terminado de trasladar allà todos sus muebles —que no llegaron ni a ocupar un carro completo— y los habÃa desperdigado por la habitación para hacer que aquellas cuatro sillas que tenÃa pareciesen una docena. Estaba aquella misma noche el hombre sentado frente al fuego pensando en los dos galones de whisky que habÃa adquirido a crédito —y preguntándose si alguna vez llegarÃa a pagarlos y, en caso afirmativo, cuantos años tardarÃa en hacerlo—, cuando su mirada fue a posarse como por casualidad en las acristaladas puertas de la vitrina.
—Ah —suspiró—, si no me hubiese visto obligado a aceptar ese adefesio al precio que fijó el viejo casero, podrÃa haber conseguido algo mejor por ese dinero. Te diré lo que te habrÃa pasado, viejo trasto. —No teniendo nadie con quien hacerlo, hablaba en voz alta a la vitrina—. Si no fuese por el gran esfuerzo que me costarÃa hacer pedazos tu vieja estructura, te utilizarÃa para alimentar el fuego.