Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas —Y señor —dijo el inquilino intentando llamar su atención antes de que se fuera definitivamente—, si tuviese usted la bondad de sugerirles a las otras damas y caballeros que se encuentran ahora ocupados en hechizar viejas mansiones vacÃas, que estarÃan mucho más a gusto en cualquier otro lugar, le prestarÃa usted un gran servicio a nuestra sociedad.
—Lo haré —respondió el fantasma ya con un hilillo de voz—; debemos de ser gente bastante aburrida, ahora que lo dice; es más, muy monótonos; no consigo imaginarme cómo podemos haber sido tan estúpidos.
Con estas palabras, el espÃritu se esfumó y, cosa sorprendente, nunca más volvió a aparecerse a nadie.