Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas Al momento se le vinieron a las manos, como por ensalmo, un lápiz y un pedazo de papel que habÃa en la mesilla, junto a la cama, y se encontró a sà mismo forzado a escribir (con una letra rara e insegura, inclinada hacia abajo, cuando lo cierto es que su letra normalmente era bastante clara y recta) la siguiente nota espiritual:
El Sr. C. D. S. Pooney presenta sus respetos a la Sra. Bell y CompañÃa, Industrias Farmacéuticas, Oxford Street, frente a Portland Street, y le ruega que tenga la bondad de enviarle con el portador de ésta, una genuina pÃldora azul de cinco gramos y una auténtica dosis negra de poder similar.
Antes de confiarle este documento a Alexander Pumpion —quien, desafortunadamente, lo extravió a su regreso, aunque sospecho que pudo haberlo metido adrede en alguno de los agujeros del horno de una castañera ambulante para ver cómo ardÃa—, el autor resolvió poner a prueba al espÃritu de los golpecitos con una pregunta definitiva. Para ello, preguntó con voz profunda e impresionante:
«¿Me provocarán tales remedios dolor de estómago?».