Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas El autor volvió a su compartimento de primera clase, en el que, casualmente, viajaba solo. El tren habÃa reanudado ya su marcha y él se quedó levemente transpuesto. En el implacable reloj, anteriormente mencionado, ya habÃan pasado cuarenta y cinco minutos desde su encuentro con la muchacha del bar, cuando fue despertado por un instrumento musical muy peculiar. Este instrumento, que percibió con admiración no exenta de cierta alarma, sonaba directamente desde su interior. Sus tonos eran graves y repetitivos, difÃciles de describir; aunque, si se admite la comparación, recordaban en cierto modo a un sonoro ardor de estómago. Sea como fuere, al autor le parecieron muy semejantes a los que conlleva esa humillante dolencia.
Coincidiendo con el momento en que se dio cuenta del fenómeno en cuestión, el autor se percató de que llamaba su atención una acelerada sucesión de furiosas palpitaciones en el estómago, acompañadas de una opresión en el pecho. Como no era ya un escéptico, decidió entablar inmediata comunicación con el espÃritu. El diálogo fue como sigue:
Pregunta: «¿Conozco su nombre?».
Respuesta: «DirÃa que sû.
Pregunta: «¿Empieza por la letra P?».
Respuesta (por segunda vez): «DirÃa que sû.