Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas Pregunta: «¿Tiene, por un casual, dos nombres de pila, que empiezan respectivamente por la P y por la C?».
Respuesta (por tercera vez): «Diría que sí».
Pregunta: «¡Le ordeno que abandone esas frívolas maneras y que se identifique por su nombre!».
El espíritu, tras reflexionar unos segundos, deletreo la palabra P-A-S-T-E-L.
Entonces, el instrumento musical dio paso a la interpretación de unos breves y pautados compases. El espíritu empezó de nuevo y deletreo la palabra C-A-R-N-E.
Pues bien —como bien les gustará saber a los más tragones—, justo había sido este tipo de hojaldre, esta vianda o comestible en concreto, el que había sido encargado por el autor como plato principal de su almuerzo; y, es más, también había sido el mismo plato que le fue servido por la joven a la que ahora, a la vista de los acontecimientos, el autor no tenía más remedio que reconocer como a una poderosa médium. El escritor continuó la conversación muy satisfecho por la convicción, así forjada en su mente, de que el ente con el que hablaba no pertenecía a este mundo.
Pregunta: «¿Se llama, pues, Pastel de Carne?».
Respuesta: «Sí».
Pregunta (que el autor formuló tímidamente tras vencer algunas reticencias normales): «¿Así que es en verdad un pastel de carne?».