Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas Una extraña sensación interior, parecida a un vuelo de palomas, sacudió al autor. Entonces pareció iluminarse de manera sorprendente y dijo:
«¿Esta sugiriendo que la raza humana, atacando imprudentemente al indigesto fuerte que lleva su nombre, y no teniendo tiempo para asaltarlo —debido a la gran solidez de sus casi impermeables muros—, ha desarrollado el hábito de dejar muchas de sus satisfacciones en manos de los médiums, quienes con tal cerdo alimentan a los cerdos de futuros pasteles?».
Respuesta: «¡Asà es!».
Pregunta: «Entonces, parafraseando las palabras de nuestro bardo inmortal…».
Respuesta (interrumpiendo): «El mismo puerco, en su momento, sirvió para hacer muchos pasteles, al menos siete empanadas».
En este punto, la emoción del autor era profunda. Sin embargo, deseoso otra vez de volver a evaluar al espÃritu, y para establecer si, utilizando la poética fraseologÃa de los avanzados videntes de los Estados Unidos, le era posible acceder a alguno de los más Ãntimos y elevados cÃrculos, puso a prueba sus conocimientos en este sentido:
Pregunta: «En la salvaje armonÃa del instrumento musical que mora en mi interior, de la que soy consciente, ¿de qué otras substancias hay aromas, además de las que ha mencionado?».