Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas El señor Testador —que nunca habÃa tenido esposa— replicó con sentimiento: —Está algo nerviosa, la pobrecilla, pero por lo demás está perfectamente. Entonces el visitante se volvió hacia la puerta y se marchó, cayéndose dos veces mientras bajaba las escaleras. Desde ese momento no se volvió a saber nada más de él. Tampoco se supo si se trataba de un fantasma, o de una ilusión espectral de la conciencia, o de un borracho que se habÃa equivocado de casa, o del legÃtimo y ebrio propietario de los muebles que se hubiera plantado ante su puerta aprovechando un lapso momentáneo de su locura. Ni se supo tampoco si llegó bien a su casa o incluso si tenÃa casa a la que llegar; o si murió alcoholizado por el camino, o bien si vivió desde entonces entregado al licor para siempre. Nunca más volvió a oÃrse nada de él, ni a vérsele. Esta es la historia que acompañaba al mobiliario y que fue aceptada como válida por su segundo poseedor, en los aposentos del apartamento situado en uno de los pisos superiores de la desolada Lyons Inn.