Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas Cuando se acabó la ginebra, el señor Testador le preguntó a su visitante qué pasaría a continuación. El extraño personaje se levantó y, poniéndose aún más rígido si cabe, dijo:
—¿A qué hora de la mañana le viene bien que vuelva?
El señor Testador se aventuró a decir:
—¿A las diez?
El tipo le respondió:
—Perfecto, a las diez. Allí estaré, señor. —Entonces contempló al señor Testador de modo calmoso y soltó—: ¡Dios le bendiga! Y dígame, ¿cómo está su mujer?