Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas —James, creo que no me encuentro muy bien. No me pasa gran cosa, pero me temo que estoy algo gotoso. Lo mejor será que me marche a mi casa y me ponga bajo el cuidado de mi anciana ama de llaves; ella sabe cómo tratar esa dolencia, ya lo ha hecho antes. En cuanto me sienta mejor, volveré y asà me podré despedir de ti. De todos modos, si no logro recuperarme a tiempo, ¿por qué no vienes tú a verme antes de marcharte?
El señor James, por supuesto, dijo que asà lo harÃa, y se dieron la mano, ambas manos, como siempre hacÃan, y el señor John pidió que prepararan su carruaje pasado de moda, y se fue dando tumbos a su casa.
Ocurrió dos noches más tarde, esto es, la cuarta noche de aquella semana. Algo me despertó de mi profundo sueño; al abrir los ojos vi que se trataba del señor James, que habÃa entrado en mi habitación en bata, iluminándose con una vela. Se sentó al borde de mi cama y, mirándome fijamente, me dijo:
—Wilhelm, tengo razones para creer que algún extraño malestar se cierne sobre mÃ.
Entonces me fijé en que tenÃa una expresión muy rara.