Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas El barco se dirigÃa a las Indias («si ignoras dónde están, ya deberÃas saberlo; y si no, no irás nunca al Cielo». Aquella mujer me hizo sentir que mi condena en el futuro era segura). Tal como estaba previsto, el buque zarpó aquella misma noche y navegó y navegó sin parar en dirección a su destino. Chips se sentÃa fatal. Sin duda, nunca se habÃa sentido tan aterrorizado. Un dÃa, por fin, pidió permiso para hablar con el Almirante. Al llegar junto al oficial, en el gran camarote que éste ocupaba, Chips se postró de rodillas.
—SeñorÃa, por su honor y sin pérdida de tiempo, haga regresar el barco a la costa más cercana. ¡Este buque está maldito y su nombre es Ataúd!
—Joven, he de decir que sus palabras parecen más bien las de un loco.
—No, señorÃa, ¡ellas están royendo y royendo ahora mismo!
—¿Ellas? ¿A quién se refiere?
—A las ratas, su señorÃa. ¡Sólo quedarán agujeros y polvo donde ahora hay tablas de roble macizo! ¡Las ratas están cavando una tumba para cada hombre que está a bordo! ¡Ay! ¿Quiere su señorÃa volver a ver a su mujer y a sus preciosos hijos?
—Puede usted estar seguro de ello.