Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas —Entonces, ¡por Dios todopoderoso, ponga rumbo al puerto más cercano! En este momento las ratas han parado de roer y le están observando a usted atentamente, con sus dientes desnudos, y se dicen entre ellas que jamás de los jamases volverá usted a ver a su familia.
—Mi pobre amigo, el suyo es un caso clÃnico. ¡Centinela, ocúpese de este hombre!
Asà se lo llevaron, y le sometieron a sangrÃas, y le trataron con ampollas. Estuvo asà durante seis dÃas enteros con sus noches. Transcurrido ese tiempo, Chips pidió de nuevo permiso para hablar con el Almirante y éste volvió a acceder a recibirlo. Se arrodilló de nuevo en el gran camarote.
—Bien, Almirante, créame, ¡usted morirá! ¡No ha hecho caso de mis advertencias, y en consecuencia tiene que morir! Las ratas nunca se equivocan en sus cálculos. Me han dicho que a medianoche habrán atravesado ya el casco del barco. Asà que vaya acostumbrándose a la idea: ¡morirá…! ¡Y yo también moriré, y todos los demás lo harán!