Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas Otra de sus narraciones trataba sobre un animal sobrenatural, una criatura que era el mismÃsimo presagio de la muerte, y que se le apareció en plena calle a una moza de servicio que «iba a buscar cerveza» para la cena. Al principio —ahora que lo recuerdo— la fiera se manifestaba bajo la guisa de un perro negrÃsimo que poco a poco se iba elevando sobre sus patas traseras y se iba hinchando hasta convertirse en un ser cuadrúpedo de sorprendente parecido a un hipopótamo, a cuya aparición yo apenas si podÃa dar crédito (no porque lo juzgase improbable, sino porque la criatura me parecÃa demasiado grande como para poder darle carta de naturaleza). Si bien Piedad, con su orgullo herido, replicó que la moza en cuestión era su propia cuñada en persona, asà que yo sentà que no me quedaba otra alternativa que la de resignarme a aceptar aquel fenómeno zoológico como cierto.
Otra de sus historias, lo recuerdo bien, tenÃa como protagonista a una joven aparecida que salÃa de una urna de cristal y embrujaba a otra muchacha, a la que pedÃa que recuperase sus propios huesos (¡pensar que se preocupaba tanto por sus restos mortales, Dios mÃo!), y los metiese en la urna de cristal. Luego le exigÃa que los inhumase en cierto lugar que ella le indicaba, con toda la solemnidad y el boato que pudiesen comprar veinticuatro libras y diez chelines.