Tiempos difíciles

Tiempos difíciles

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El señor Harthouse se sonrió; a continuación se levantó del extremo del sofá en que estaba sentado, se colocó de espaldas a la chimenea, apoyado en la repisa, justamente de cara a Tom, lo miró y le dijo:

-¡Qué divertido hermano político eres!

-Me imagino que lo que queréis decir es: ¡qué divertido hermano político es Bounderby!

Don Santiago Harthouse le replicó:

-Eres muy mordaz, Tom.

Resultaba sumamente agradable una intimidad así con un hombre que llevaba semejante chaleco; el que lo tratase de Tom, en tono cordial, un hombre que tenía aquella voz; el haber llegado tan pronto a términos de camaradería con unas patillas como aquellas. El muchacho estaba completamente satisfecho de sí mismo. Por fin dijo:

-Si lo que queréis insinuar es que se me da un bledo del viejo Bounderby, tenéis razón. De toda mi vida, siempre que me he referido a él he dicho «el viejo Bounderby», y he tenido de él la misma opinión que hoy. No voy a empezar ahora a hablar con miramientos del viejo Bounderby. Es demasiado tarde para eso.

-Por mí no te preocupes, pero otra cosa es cuando su esposa está presente, ¿no te das cuenta? -le contestó Santiago.

-¿Su esposa...? ¿Mi hermana Lu? ¡Oh, sí! –exclamó Tom; se echó a reír y tomó otro traguito de la bebida


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