Tiempos difíciles
Tiempos difíciles OTRA COSA NECESARIA
Cuando Luisa despertó de su sopor sus ojos se abrieron, lánguidos, para ver el lecho de otros tiempos, el que ocupaba en su casa, y su antigua habitación. Al principio le pareció como si todas las cosas que habían ocurrido desde los tiempos en que estos objetos le eran familiares hubieran sido como sombras en un sueño; pero gradualmente, a medida que estos objetos que la rodeaban adquirían mayor realidad, también aquellos acontecimientos fueron haciéndose más reales en su memoria.
Apenas podía mover la cabeza de dolor y de pesadez; sentía los ojos escocidos y fatigados, y la debilidad de todo su cuerpo era muy grande. Hallábase dominada por una pasiva y extraña falta de atención hasta el punto de no advertir durante algún tiempo la presencia en el cuarto de su hermana pequeña. Aun después de encontrarse sus miradas y de acercarse la hermana a la cama, permaneció Luisa por espacio de algunos minutos mirándola en silencio, y dejó pasivamente que ella le tomase con timidez la mano antes de preguntarle:
-¿Cuándo me trajeron a este cuarto?
-La noche pasada, Luisa.
-¿Y quién me trajo?
-Creo que fue Cecilia.
-¿Por qué dices que crees?
