Esperando al diluvio
Esperando al diluvio Glasgow, 1968. El asesino elige a sus víctimas en el Barrowland Ballroom. Bailan con él, confiadas. Su voz es tranquila, su acento culto. Les cita versículos de la Biblia con un carisma hipnótico. “El mal acecha como un león hambriento, buscando a quién devorar” , dice. Y cuando las lleva a casa, nadie sospecha que es la última vez que alguien las verá con vida.
El cuerpo de Helen Puttock fue el que lo cambió todo. Su hermana, Jean, había compartido un taxi con el asesino antes de que matara a Helen. “Hablaba de religión. Citaba la Biblia. Tenía el acento del este de Glasgow” , dijo entre lágrimas. Fue la primera descripción real del hombre que Scotland Yard buscaba.
Noah se obsesionó con cada pista. Con cada testimonio. El asesino tenía cerca de treinta años. Pelo rojizo. Bien vestido. Elegante. Sabía moverse entre la gente sin levantar sospechas. Un depredador que usaba la fe como máscara.
Los años pasaron. Las muertes cesaron. Glasgow intentó olvidar. Pero Noah no podía. Él sabía que John Biblia seguía ahí fuera.
