Las que no duermen NASH
Las que no duermen NASH —¿De verdad crees que ella sabe más? —preguntó Gabriel, rompiendo el silencio. —No lo creo, lo sé —respondió Nash sin apartar la vista del camino. —Su reacción no fue de alguien sorprendido. Fue de alguien que está guardando un secreto demasiado pesado.
Esa noche, el equipo se reunió en una pequeña cabaña que les servía de base cerca de Legarrea. Los mapas del terreno estaban esparcidos sobre la mesa, junto con fotografías del cadáver de Andrea, las inscripciones de la sima y otros fragmentos de evidencia recolectados.
—Esto no es solo una serie de crímenes —dijo Nash mientras señalaba las marcas talladas en la piedra. —Esto es un patrón.
Xabier, quien había estado observando en silencio, se inclinó hacia adelante. —¿Un patrón de qué? —De rituales —respondió Nash con calma.
El silencio en la habitación se volvió palpable. Las implicaciones de sus palabras eran demasiado grandes para ignorarlas. Gabriel, siempre el pragmático, frunció el ceño. —¿Estás diciendo que alguien usaba esa sima para... sacrificios?
—No lo sé aún. Pero esas marcas no están ahí por accidente. Y las desapariciones que rodean el valle tampoco. Esto no es nuevo, Gabriel. Esto lleva pasando generaciones.