Las que no duermen NASH
Las que no duermen NASH El sonido de pasos interrumpió sus pensamientos. Desde la oscuridad del túnel emergieron varias figuras encapuchadas, sus rostros ocultos y sus movimientos precisos. Estaban rodeados.
—¿Quiénes son ustedes? —preguntó Nash, su voz firme a pesar de la creciente sensación de peligro.
Una figura más alta que las demás dio un paso adelante. Cuando habló, su voz era baja y cargada de autoridad. —Nosotros somos los guardianes del equilibrio. Lo que has desenterrado es un legado que no puedes comprender.
—¿El legado de la madre? —respondió Nash, intentando ganar tiempo.
La figura asintió lentamente. —Mari protege este valle. Su furia debe ser apaciguada, o su castigo caerá sobre todos nosotros.
—¿Y para eso matan? ¿Para eso sacrifican? —replicó Nash, dando un paso al frente.
—No matamos. La madre exige un equilibrio. Nos aseguramos de mantenerlo. Tú, en cambio, has perturbado su descanso.
La tensión en el aire era insoportable. Gabriel movió la mano lentamente hacia su linterna táctica, mientras Xabier murmuraba una oración apenas audible. Nash sabía que no tenían muchas opciones.
—No me iré sin respuestas —dijo Nash, su voz firme.