El secreto
El secreto Pero para Richard, y para el resto, apenas estaba comenzando.
La muerte de Bunny no trajo el alivio que Henry había prometido. En lugar de cerrar un capítulo, abrió una herida imposible de ocultar. Mientras el grupo bajaba del monte Cataract esa tarde, un silencio helado se instaló entre ellos. Era como si la naturaleza misma supiera lo que habían hecho. El crujir de las ramas y el sonido del viento entre los árboles parecían amplificar la culpa que cada uno llevaba consigo.
—¿Lo encontrarán pronto? —preguntó Francis, rompiendo el silencio, su voz temblorosa.
Henry, siempre imperturbable, respondió con calma: —Eso depende de la nieve. Si tenemos suerte, tardarán semanas.
Pero ninguno de ellos se sentía afortunado. La primera noche después del incidente, Richard apenas pudo dormir. Cada vez que cerraba los ojos, veía el cuerpo de Bunny cayendo, el vacío en sus ojos cuando desapareció entre las rocas. Intentó ahogar los pensamientos en alcohol, como Charles y Francis, pero no sirvió de nada. Las imágenes lo perseguían como un fantasma.