Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Y el remordimiento? ¿Es que le niega usted todo sentimiento moral? ¿Acaso es mi hermano como usted pretende que sea?
‑¡Oh Avdotia Romanovna! Ahora todo es desorden y anarquÃa. Por otra parte, el orden ha sido siempre algo ajeno a él. Los rusos, Avdotia Romanovna, tienen un alma generosa y grande como su paÃs, y también una tendencia a las ideas fantásticas y desordenadas. Pero es una desgracia poseer un alma grande y noble sin genio. ¿Se acuerda usted de nuestras conversaciones sobre este tema, en la terraza, después de cenar? Usted me reprochaba esta amplitud de espÃritu. Y quién sabe si mientras usted me hablaba asÃ, él estaba echado, dándole vueltas a su proyecto… Hay que reconocer, Avdotia Romanovna, que la tradición en nuestra sociedad culta es muy endeble. La única que posee es la que se adquiere por medio de los libros, de las crónicas del pasado. Y eso se queda para los sabios, los cuales, por otra parte, son tan cándidos que un hombre de mundo se avergonzarÃa de seguir sus enseñanzas. Por lo demás, ya conoce usted mi opinión: yo no acuso a nadie. Vivo en el ocio y estoy aferrado a este género de vida. Ya hemos hablado de esto más de una vez. Incluso he tenido la dicha de interesarle exponiéndole mis juicios… Está usted muy pálida, Avdotia Romanovna.