Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑No sé qué te pasa, Rodia ‑dijo al fin‑. CreÃa sencillamente que nuestra presencia te molestaba, pero ahora veo que te acecha una gran desgracia y que esta amenaza te llena de angustia. Hace tiempo que lo sospechaba, Rodia. Perdona que te hable de esto, pero no se me va de la cabeza e incluso me quita el sueño. Esta noche tu hermana ha soñado en voz alta y sólo hablaba de ti. He oÃdo algunas palabras, pero no he comprendido nada absolutamente. Desde esta mañana me he sentido como el condenado a muerte que espera el momento de la ejecución. TenÃa el presentimiento de que ocurrirÃa una desgracia, y ya ha ocurrido. Rodia, ¿dónde vas? Pues vas a emprender un viaje, ¿verdad?
‑SÃ.
‑Me lo figuraba. Pero puedo acompañarte. Y Dunia también. Te quiere mucho. Además, puede venir con nosotros Sonia Simonovna. De buen grado la aceptarÃa como hija. Dmitri Prokofitch nos ayudará a hacer los preparativos… Pero dime: ¿adónde vas?
‑Adiós.
‑Pero ¿te vas hoy mismo? ‑exclamó como si fuera a perder a su hijo para siempre.
‑No puedo estar más tiempo aquÃ. He de partir en seguida.
‑¿No puedo acompañarte?
‑No. ArrodÃllate y ruega a Dios por mi. Tal vez te escuche.