Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Volverás?
‑Si.
‑No te enfades, Rodia; no quiero interrogarte; no me atrevo a hacerlo. Pero quisiera que me dijeses una cosa: ¿vas muy lejos?
‑SÃ, muy lejos.
‑¿Tendrás allà un empleo, una posición?
‑Tendré lo que Dios quiera. Ruega por mÃ.
Raskolnikof se dirigió a la puerta, pero ella lo cogió del brazo y lo miró desesperadamente a los ojos. Sus facciones reflejaban un espantoso sufrimiento.
‑Basta, mamá.
En aquel momento se arrepentÃa profundamente de haber ido a verla.
‑No te vas para siempre, ¿verdad? Vendrás mañana, ¿no es cierto?
‑SÃ, sÃ. Adiós.
Y huyó.
La tarde era tibia, luminosa. Pasada la mañana, el tiempo se habÃa ido despejando. Raskolnikof deseaba volver a su casa cuanto antes. QuerÃa dejarlo todo terminado antes de la puesta del sol y su mayor deseo era no encontrarse con nadie por el camino.