Crimen y Castigo
Crimen y Castigo «Ya que este alemán se muda -se dijo el joven‑, en este rellano no habrá durante algún tiempo más inquilino que la vieja. Esto está más que bien.»
Llamó a la puerta de la vieja. La campanilla resonó tan débilmente, que se dirÃa que era de hojalata y no de cobre. Asà eran las campanillas de los pequeños departamentos en todos los grandes edificios semejantes a aquél. Pero el joven se habÃa olvidado ya de este detalle, y el tintineo de la campanilla debió de despertar claramente en él algún viejo recuerdo, pues se estremeció. La debilidad de sus nervios era extrema.