Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Después, con una atención tan tensa que resultaba dolorosa, empezó a mirar en todas direcciones para asegurarse de que no se le habÃa olvidado nada. Ya se sentÃa torturado por la convicción de que todo le abandonaba, desde la memoria a la más simple facultad de razonar.
«¿Es esto el comienzo del suplicio? SÃ, lo es.»
Los flecos que habÃa cortado de los bajos del pantalón estaban todavÃa en el suelo, en medio del cuarto, expuestos a las miradas del primero que llegase.
‑Pero ¿qué me pasa? ‑exclamó, confundido.