Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Al llegar a la esquina de la calle que había tomado el día anterior dirigió una mirada furtiva y angustiosa a la casa… y volvió en seguida los ojos.
«Si me interrogan, tal vez confiese», pensaba mientras se iba acercando a la comisaría.
La comisaría se había trasladado al cuarto piso de una casa nueva situada a unos trescientos metros de su alojamiento. Raskolnikof había ido una vez al antiguo local de la policía, pero de esto hacía mucho tiempo.
Al cruzar la puerta vio a la derecha una escalera, por la que bajaba un mujik con un cuaderno en la mano.
«Debe de ser un ordenanza. Por lo tanto, esa escalera conduce a la comisaría.»
Y, aunque no estaba seguro de ello, empezó a subir. No quería preguntar a nadie.
«Entraré, me pondré de rodillas y lo confesaré todo», pensaba mientras se iba acercando al cuarto piso.