Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Nada de eso; yo no deliro ‑replicó Raskolnikof levantándose.
Al subir a casa de Rasumikhine no habÃa tenido en cuenta que iba a verse frente a frente con su amigo, y una entrevista, con quienquiera que fuese, le parecÃa en aquellos momentos lo más odioso del mundo. Apenas hubo franqueado la puerta del piso, sintió una cólera ciega contra Rasumikhine.
‑¡Adiós! ‑exclamó dirigiéndose a la puerta.
‑¡Espera, hombre, espera! ¿Estás loco?
‑¡Déjame! ‑dijo Raskolnikof retirando bruscamente la mano que su amigo le habÃa cogido.
‑Entonces, ¿a qué diablos has venido? Has perdido el juicio. Esto es una ofensa para mÃ. No consentiré que te vayas asÃ.
‑Bien, escucha. He venido a tu casa porque no conozco a nadie más que a ti para que me ayude a volver a empezar. Tú eres mejor que todos los demás, es decir, más inteligente, más comprensivo… Pero ahora veo que no necesito nada, ¿entiendes?, absolutamente nada… No me hacen falta los servicios ni la simpatÃa de los demás… Estoy solo y me basto a mà mismo… Esto es todo. Déjame en paz.