Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Ha sido hace poco… , cosa de una media hora… En la escalera… Ilia Petrovitch, el ayudante del comisario de policÃa, le ha pegado. ¿Por qué? ¿A qué ha venido… ?
Nastasia frunció las cejas y le observó en silencio largamente. Su inquisitiva mirada turbó a Raskolnikof e incluso llegó a atemorizarle.
‑¿Por qué no me contestas, Nastasia? ‑preguntó con voz débil y acento tÃmido.
‑Esto es la sangre ‑murmuró al fin la sirvienta, como hablando consigo misma.
‑¿La sangre? ¿Qué sangre? ‑balbuceó él, palideciendo y retrocediendo hacia la pared.
Nastasia seguÃa observándole.
‑Nadie le ha pegado a la patrona ‑dijo con voz firme y severa.
Él se quedó mirándola, sin respirar apenas.
‑Lo he oÃdo perfectamente ‑murmuró con mayor apocamiento aún‑. No estaba dormido; estaba sentado en el diván, aquà mismo… lo he estado oyendo un buen rato… El ayudante del comisario ha venido… Todos los vecinos han salido a la escalera…
‑Aquà no ha venido nadie. Es la sangre lo que te ha trastornado. Cuando la sangre no circula bien, se cuaja en el hÃgado y uno delira… Bueno, ¿vas a comer o no?