Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Se trata ‑dijo el empleado, dirigiéndose a Raskolnikof‑ de que, atendiendo a los deseos de su madre, Atanasio Ivanovitch Vakhruchine, de quien usted, sin duda, habrá oÃdo hablar más de una vez, le ha enviado cierta cantidad por mediación de nuestra oficina. Si está usted en posesión de su pleno juicio le entregaré treinta y cinco rublos que nuestra casa ha recibido de Atanasio Ivanovitch, el cual ha efectuado el envÃo por indicación de su madre. Sin duda, ya estarÃa usted informado de esto.
‑SÃ, sÃ… , ya recuerdo… Vakhruchine… ‑murmuró Raskolnikof, pensativo.
‑¿Oye usted? ‑exclamó Rasumikhine‑. Conoce a Vakhruchine. Por lo tanto, está en su cabal juicio. Por otra parte, advierto que también usted es un hombre capacitado. Continúe. Da gusto oÃr hablar con sensatez.
‑Pues sÃ, ese Vakhruchine que usted recuerda es Atanasio Ivanovitch, el mismo que ya otra vez, atendiendo a los deseos de su madre, le envió dinero de este mismo modo. Atanasio Ivanovitch no se ha negado a prestarle este servicio y ha informado del asunto a Simón Simonovitch, rogándole le haga entrega de treinta y cinco rublos. Aquà están.
‑Emplea usted expresiones muy acertadas. Yo adoro también a esa madre. Y ahora juzgue usted mismo: ¿está o no en posesión de sus facultades mentales?