Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Le advierto que eso está fuera de mi incumbencia. Aquà se trata de que me eche una firma.
‑Se la echará. ¿Es un libro donde ha de firmar?
‑SÃ, aquà lo tiene.
‑Traiga… Vamos, Rodia; un pequeño esfuerzo. Incorpórate; yo te sostendré. Coge la pluma y pon tu nombre. En nuestros dÃas, el dinero es la más dulce de las mieles.
‑No vale la pena ‑dijo Raskolnikof rechazando la pluma.
‑¿Qué es lo que no vale la pena?
‑Firmar. No quiero firmar.
‑¡Ésa es buena! En este caso, la firma es necesaria.
‑Yo no necesito dinero.
‑¿Que no necesitas dinero? Hermano, eso es una solemne mentira. Sé muy bien que el dinero te hace falta… Le ruego que tenga un poco de paciencia. Esto no es nada… Tiene sueños de grandeza. Estas cosas le ocurren incluso cuando su salud es perfecta. Usted es un hombre de buen sentido. Entre los dos le ayudaremos, es decir, le llevaremos la mano, y firmará. ¡Hala, vamos!
‑Puedo volver a venir.