Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑No, no. ¿Para qué tanta molestia… ? ¡Usted es un hombre de buen sentido… ! ¡Vamos, Rodia; no entretengas a este señor! ¡Ya ves que está esperando!
Y se dispuso a coger la mano de su amigo.
‑Deja ‑dijo Raskolnikof‑. Firmaré.
Cogió la pluma y firmó en el libro. El empleado entregó el dinero y se marchó.
‑¡Bravo! Y ahora, amigo, ¿quieres comer?
‑SÃ.
‑¿Hay sopa, Nastasia?
‑SÃ; ayer sobró.
‑¿Está hecha con pasta de sopa y patatas?
‑SÃ.
‑Lo sabÃa. Tráenos también té.
‑Bien.
Raskolnikof contemplaba esta escena con profunda sorpresa y una especie de inconsciente pavor. Decidió guardar silencio y esperar el desarrollo de los acontecimientos.
«Me parece que no deliro ‑pensó‑. Todo esto tiene el aspecto de ser real.