Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Pues las sacará, sencillamente, de la fruterÃa, mi querida Nastasia… No puedes figurarte, Rodia, las cosas que han pasado aquà durante tu enfermedad. Cuando saliste corriendo de mi casa como un ladrón, sin decirme dónde vivÃas, decidà buscarte hasta dar contigo, para vengarme. En seguida empecé las investigaciones. ¡Lo que corrÃ, lo que interrogué… ! No me acordaba de tu dirección actual, o tal vez, y esto es lo más probable, nunca la supe. De tu antiguo domicilio, lo único que recordaba era que estaba en el edificio Kharlamof, en las Cinco Esquinas… ¡Me harté de buscar! Y al fin resultó que no estaba en el edificio Kharlamof, sino en la casa Buch. ¡Nos armamos a veces unos lÃos con los nombres… ! Estaba furioso. Al dÃa siguiente se me ocurrió ir a las oficinas de empadronamiento, y cuál no serÃa mi sorpresa al ver que al cabo de dos minutos me daban tu dirección actual. Estás inscrito.
‑¿Inscrito yo?