Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Mañana por la tarde me lo llevaré a dar un paseo ‑dijo Rasumikhine‑. Iremos a los jardines Iusupof y luego al Palacio de Cristal.
‑Mañana tal vez no convenga todavÃa… Aunque un paseo cortito… En fin, ya veremos.
‑Lo que me contrarÃa es que hoy estreno un nuevo alojamiento cerca de aquà y quisiera que estuviese con nosotros, aunque fuera echado en un diván… Tú sà que vendrás, ¿eh? ‑preguntó de improviso a Zosimof‑. No lo olvides; tienes que venir.
‑Procuraré ir, pero hasta última hora me será imposible. ¿Has organizado una fiesta?
‑No, simplemente una reunión Ãntima. Habrá arenques, vodka, té, un pastel.
‑¿Quién asistirá?
‑Camaradas, gente joven, nuevas amistades en su mayorÃa. También estará un tÃo mÃo, ya viejo, que ha venido por asuntos de negocio a Petersburgo. Nos vemos una vez cada cinco años.
‑¿A qué se dedica?
‑Ha pasado su vida vegetando como jefe de correos en una pequeña población. Tiene una modesta remuneración y ha cumplido ya los sesenta y cinco. No vale la pena hablar de él, aunque te aseguro que lo aprecio. También vendrá Porfirio Simonovitch, juez de instrucción y antiguo alumno de la Escuela de Derecho. Creo que tú lo conoces.