Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Admitamos que sea asÃ. Eso a mà no me importa. ¿Qué importancia tiene? ‑exclamó Rasumikhine con una especie de afectada indignación‑. ¿Acaso he alabado yo este rasgo suyo? Yo sólo digo que es un buen hombre en su género. Además, si vamos a juzgar a los hombres aplicándoles las reglas generales, ¿cuántos quedarÃan verdaderamente puros? ApostarÃa cualquier cosa a que si se mostraran tan exigentes conmigo, resultarÃa que no valgo un bledo… ni aunque te englobaran a ti con mi persona.
‑No exageres: yo darÃa dos bledos por ti.
‑Pues a mà me parece que tú no vales más de uno… Bueno, continúo. Zamiotof no es todavÃa más que un muchacho, y yo le tiro de las orejas. Siempre es mejor tirar que rechazar. Si rechazas a un hombre, no podrás obligarlo a enmendarse, y menos si se trata de un muchacho. Debemos ser muy comprensivos con estos mozalbetes… Pero vosotros, estúpidos progresistas, vivÃs en las nubes. Despreciáis a la gente y no veis que asà os perjudicáis a vosotros mismos… Y te voy a decir una cosa: Zamiotof y yo tenemos entre manos un asunto que nos interesa a los dos por igual.
‑Me gustarÃa saber qué asunto es ése.