Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Raskolnikof se volvió hacia la pared. Escogió del empapelado, de un amarillo sucio, una de las numerosas florecillas aureoladas de rayitas oscuras que había en él y se dedicó a examinarla atentamente. Observó los pétalos. ¿Cuántos había? Y todos los trazos, hasta los menores dentículos de la corola. Sus miembros se entumecían, pero él no hacía el menor movimiento. Su mirada permanecía obstinadamente fija en la menuda flor.
‑Bueno, ¿qué me estabas diciendo de ese pintor? ‑preguntó Zosimof, interrumpiendo con viva impaciencia la palabrería de Nastasia, que suspiró y se detuvo.
‑Que se sospecha que es el autor del asesinato ‑dijo Rasumikhine, acalorado.
‑¿Hay cargos contra él?