Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Por qué no se toma el té? ‑dijo Zamiotof‑. Se va a enfriar
‑¿Qué… ? ¿El té… ? ¡Ah, sÃ!
Raskolnikof tomó un sorbo, se echó a la boca un trozo de pan, fijó la mirada en Zamiotof y pareció ahuyentar sus preocupaciones. Su semblante recobró la expresión burlona que tenÃa hacÃa un momento. Después, Raskolnikof siguió tomándose el té.
‑Actualmente, los crÃmenes se multiplican ‑dijo Zamiotof‑. Hace poco leà en las Noticias de Moscú que habÃan detenido en esta ciudad a una banda de monederos falsos. Era una detestable organización que se dedicaba a fabricar billetes de Banco.
‑Ese asunto ya es viejo ‑repuso con toda calma Raskolnikof‑. Hace ya más de un mes que lo leà en la prensa. AsÃ, ¿usted cree que esos falsificadores son unos bandidos?
‑A la fuerza han de serlo.