Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Que te deje después de lo que has hecho? No sé cómo te atreves a decir una cosa asÃ. ¿Sabes lo que voy a hacer? A cogerte debajo del brazo como un paquete, llevarte a casa y encerrarte.
‑Óyeme, Rasumikhine ‑empezó a decir Raskolnikof en voz baja y con perfecta calma‑: ¿es que no te das cuenta de que tu protección me fastidia? ¿Qué interés tienes en sacrificarte por una persona a la que molestan tus sacrificios e incluso se burla de ellos? Dime: ¿por qué viniste a buscarme cuando me puse enfermo? ¡Pero si entonces la muerte habrÃa sido una felicidad para mÃ! ¿No lo he demostrado ya claramente que tu ayuda es para mà un martirio, que ya estoy harto? No sé qué placer se puede sentir torturando a la gente. Y te aseguro que todo esto perjudica a mi curación, pues estoy continuamente irritado. Hace poco, Zosimof se ha marchado para no mortificarme. ¡Déjame tú también, por el amor de Dios! ¿Con qué derecho pretendes retenerme a la fuerza? ¿No ves que ya he recobrado la razón por completo? Te agradeceré que me digas cómo he de suplicarte, para que me entiendas, que me dejes tranquilo, que no te sacrifiques por mÃ. ¡Dime que soy un ingrato, un ser vil, pero déjame en paz, déjame, por el amor de Dios!