Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¡Escúchame hasta el final! Ya sabes que hoy estreno una nueva habitación. Mis invitados deben de estar ya en casa, pero he dejado allà a mi tÃo para que los atienda. Pues bien, si tú no fueras un imbécil, un verdadero imbécil, un idiota de marca mayor, un simple imitador de gentes extranjeras… Oye, Rodia; yo reconozco que eres una persona inteligente, pero idiota a pesar de todo… Pues, si no fueses un imbécil, vendrÃas a pasar la velada en nuestra compañÃa en vez de gastar las suelas de tus botas yendo por las calles de un lado a otro. Ya que has salido sin deber, sigue fuera de casa… Tendrás un buen sillón; se lo pediré a la patrona… Un té modesto… CompañÃa agradable… Si lo prefieres, podrás estar echado en el diván: no por eso dejarás de estar con nosotros. Zosimof está invitado. ¿Vendrás?
‑No.
‑¡No lo creo! ‑gritó Rasumikhine, impaciente‑. Tú no puedes saber que no irás. No puedes responder de tus actos y, además, no entiendes nada… Yo he renegado de la sociedad mil veces y luego he vuelto a ella a toda prisa… Te sentirás avergonzado de tu conducta y volverás al lado de tus semejantes… Edificio Potchinkof, tercer piso. ¡No lo olvides!
‑Si continúas asÃ, un dÃa te dejarás azotar por pura caridad.