Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Yo? Le cortaré las orejas al que muestre tales intenciones. Edificio Potchinkof, número cuarenta y siete, departamento del funcionario Babuchkhine…
‑No iré, Rasumikhine.
Y Raskolnikof dio media vuelta y empezó a alejarse.
‑Pues yo creo que sà que vendrás, porque lo conozco… ¡Oye! ¿Está aquà Zamiotof?
‑SÃ.
‑¿Habéis hablado?
‑SÃ.
‑¿De qué… ? ¡Bueno, no me lo digas si no quieres! ¡Vete al diablo! Potchinkof, cuarenta y siete, Babuchkhine. ¡No lo olvides!
Raskolnikof llegó a la Sadovaya, dobló la esquina y desapareció. Rasumikhine le habÃa seguido con la vista. Estaba pensativo. Al fin se encogió de hombros y entró en el establecimiento. Ya en la escalera, se detuvo.
‑¡Que se vaya al diablo! ‑murmuró‑. Habla como un hombre cuerdo y, sin embargo… Pero ¡qué imbécil soy! ¿Acaso los locos no suelen hablar como personas sensatas? Esto es lo que me parece que teme Zosimof ‑y se llevó el dedo a la sien‑ ¿Y qué ocurrirá si… ? No se le puede dejar solo. Es capaz de tirarse al rÃo… He hecho una tonterÃa: no debà dejarlo.