Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Para dirigirse a la comisarÃa tenÃa que avanzar derechamente y doblar a la izquierda por la segunda travesÃa. Inmediatamente encontrarÃa lo que buscaba. Pero, al llegar a la primera esquina, se detuvo, reflexionó un momento y se internó en la callejuela. Luego recorrió dos calles más, sin rumbo fijo, con el deseo inconsciente de ganar unos minutos. Iba con la mirada fija en el suelo. De súbito experimentó la misma sensación que si alguien le hubiera murmurado unas palabras al oÃdo. Levantó la cabeza y advirtió que estaba a la puerta de «aquella» casa, la casa a la que no habÃa vuelto desde «aquella» tarde.